La manera en la que te hablas a ti misma puede cambiar, literalmente, la química de tu cuerpo. Cada vez que tienes un pensamiento negativo sobre ti (esos comunes “no soy suficiente” o “seguro que voy a fallar”) tu cerebro interpreta que estás ante una inseguridad. Y cuando eso pasa, libera cortisol, la famosa hormona del estrés.
El cortisol no es “malo” en sí mismo. Te ayuda a reaccionar rápido ante situaciones reales de peligro. El problema aparece cuando la fuente de estrés no es una amenaza real, sino tu propia voz interna, repitiendo a diario que estás insegura. En ese caso, tu cuerpo se queda atrapado en un estado de alerta constante que desgasta tu energía y tu salud.
Cuando los niveles de cortisol se mantienen altos por mucho tiempo, puedes sentirlo en casi todo lo que haces: duermes peor, tu digestión se altera, tu piel reacciona, y tu estado de ánimo baja. Incluso tus niveles de concentración y motivación se ven afectados, lo que hace que tareas simples se sientan pesadas y que tomes decisiones desde un lugar de cansancio y ansiedad.
Un tip para trabajarlo
El aspecto más curioso y difícil de esto, es que a veces estos pensamientos negativos aparecen de forma automática, como un hábito que hemos repetido durante años sin cuestionarlo. Por eso, un primer paso para evitar que tus pensamientos negativos te afecten, es simplemente aprender a detectarlos. Pregúntate, ¿lo que me estoy diciendo es realmente cierto o solo es una interpretación influenciada por el miedo? ¿Esta creencia es una realidad o es un pensamiento de inseguridad?
Y luego, empieza por pequeñas prácticas de autocuidado que calmen tu sistema nervioso. Respiraciones profundas, pausas conscientes durante el día, escribir lo que sientes, salir a caminar y desconectarte de las redes pueden hacer maravillas. Estar consciente de lo que pasa por tu mente, es una herramienta para aferrarte a tu wellness.
No se trata de “pensar en positivo” todo el tiempo, sino de crear un espacio mental más amable, donde tu cuerpo pueda sentirse seguro. Cuando tu diálogo interno se vuelve un aliado, no solo baja el cortisol, también sube tu energía, tu claridad y tu capacidad de vivir sintiéndote mejor contigo.